El viejo olivo,
aquel mudo observador
sobre la reseca loma,
aún sin esperar que su fruto,
dorada esencia
de valor infinito,
comenzó a retorcer sus nudos
y entre el dolor fibroso
desmenuzó el impulso.
Impulso centenario, corto cuento,
milenario impulso de contar los vientos.
Juan Ríos Laorden, 1996
Juan Ríos Laorden, 1996
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