I
Abuzaderas. Martes, ocho y cinco de la mañana.
Hacía un poco más de frío que los anteriores días; arrastrábamos una semana en la cual se estaban quedando tiesos los frutales del hondón de Jalandro; las puntas de las cebadas cerveceras blanqueaban por las laderas de los morros cercanos y los cinco minutos que tardaba en recorrer el trozo de empinada calle, entre su casa y el bar de Sebastián, servía para comprobar que las temperaturas anunciadas en la rueda de corresponsales de Radio Nacional se correspondían con la realidad de su pueblo; no siempre sucedía.
Tras entrar en el bar y frotarse las manos, saludaba a los cuatro o cinco parroquianos que ya tenían dos carajillos en el cuerpo. Aquellos socios fijos, pintaban una estampa ya antigua que no la había variado ni la ley antifumete; el ambiente olía a humo de tabaco y café negro; la radio seguía soltando su actualidad y ya para estas horas nadie le hacía caso, pues sería la tercera repetición desde las seis y media de la mañana, que estaban levantados.
Un montón de periódicos en la barra invitaba a ir tomándolos durante el rato que pasaban casa de Sebastián; el más actual tenía como mínimo dos días de retraso, pero valía la pena ejercitar algo la vieja costumbre de hojear el periódico mientras que se iba enfriando el carajillo.
Juanito “Lucera”, fijo sus ojos en aquella página y comenzó a leerla pausadamente.
La eterna Isabel Alejandra María Windsor. “Tras cincuenta y cinco años de reinado, Isabel II se mantiene en trono reforzada pese a la crisis.
Cuando Isabel Alejandra maría Windsor llegó al mundo, el veintiuno de abril de mil novecientos veintiséis, no estaba destinada a ser reina. Hoy sin embargo, es el monarca más longevo de la historia británica, batiendo el récord que hasta el jueves ostentaba su tatarabuela, la reina Victoria.
Conforme avanzaba en el artículo iba estableciendo una correspondencia con aquella mujer que venía a tener sus mismos años, que había nacido el mismo día, eso si, en mundos tan diferentes.
El Reino Unido tampoco es lo que era cuando nació Isabel. En aquellos tiempos el Imperio Británico se extendía sobre la cuarta parte de la tierra y casi un cuarto de la población mundial. Pero el Imperio empezó a desmembrase siendo Isabel todavía una niña y acabó desplomándose tras la Segunda Guerra Mundial, coincidiendo con su llegada al trono.
Juanito venía arrastrando el mote de su padre, “Lucera”, y es que decían las malas lenguas que su padre, un murciano moreno de bigotes caídos que había llegado a estas tierras cuando instalaron la fábrica de harinas “La Moderna ”, tenía entre sus antecedentes la habilidad de ser aficionado al teatro; cuando llegó a estas tierras, dejó embelesada a más de una manchega, porque el abuelo era resultón y bien encarado, y para dárselas de moderno e importante dejó correr algo que nunca se supo si sería cierto o falso; él contaba que fue actor principal de una película hecha en su huerta murciana natal, colaboró con sus amigos Luís, Pedro y Dionisio, cineistas aficionados que compusieron una obra olvidada a la cual pusieron por nombre “La jaca Lucera”. Pues de aquella afición de su padre en los años veinte, le quedó la herencia que han arrastrado a lo largo del pasado siglo y lo que llevamos de este, que aunque de murcianos ya les queda casi el nada, si que mantienen los Lucera, ese sobrenombre que cada vez que se oye, rememora las andanzas de un grupo de constantes.
Juan Ríos Laorden, 2011®
No hay comentarios:
Publicar un comentario